Que veinte años no es nada…

No os lo había contado aún porque no sabía cómo, pero este mes, justo este mes de junio de 2017, hace 20 años de la primera vez que conté una historia desde un escenario. Tengo gente alrededor que me quiere y todos me decían que cómo no había montado algo para celebrarlo, y yo me encogía de hombros… Porque no lo hago nunca, soy un desastre, y ellos, sospecho, a mis espaldas, se han encargado de montarme un mes de junio fabuloso de cuentos-celebración. Definitivamente, es mejor tener gente que agente.

Para empezar regreso hoy mismo a contar a un bar en Salamanca, que fue exactamente como yo empecé, en un garito llamado El Sol, que estaba en la calle Pozo Amarillo. Ese espacio ya no existe, pero muy cerca de esa calle me hospedaré esta noche, para ir a las 22:30 a La Manolita Café Bar, un lugar engalanado durante muchos meses de cuidar el arte y hacer que las historias de viva voz regresen a los bares salamantinos, como era muy habitual cuando yo empecé. Luego, el día 3, me voy a Ciudad Rodrigo a contar y de road movie con mi amigo Nacho, con quien hice varias veces estas locuras de viajes cuenteros; con la excusa de que yo no conduzco nos hemos pegado farras y viajes memorables en estos 20 años. Entre el 11 y el 15 de junio mis alumnos contarán en diferentes espacios en Madrid. Las clases han sido una fuente de alegría, investigación y autodescubrimiento tan brutal en estos años que no hay mejor forma de celebrarlo que ver a mis queridos disfrutar sobre las tablas con lo que soñamos juntos. El 17 de junio contaré en el teatro de Guadalajara, en el marco del Maratón de Cuentos de Guadalajara, que me invita por primera vez a participar de la gran fiesta del cuento oral en España justo en mi aniversario

No os lo había contado aún porque no sabía cómo, pero este mes, justo este mes de junio de 2017, hace 20 años de la primera vez que conté una historia desde un escenario. Tengo gente alrededor que me quiere y todos me decían que cómo no había montado algo para celebrarlo, y yo me encogía de hombros… Porque no lo hago nunca, soy un desastre, y ellos, sospecho, a mis espaldas, se han encargado de montarme un mes de junio fabuloso de cuentos-celebración. Definitivamente, es mejor tener gente que agente.

Para empezar regreso hoy mismo a contar a un bar en Salamanca, que fue exactamente como yo empecé, en un garito llamado El Sol, que estaba en la calle Pozo Amarillo. Ese espacio ya no existe, pero muy cerca de esa calle me hospedaré esta noche, para ir a las 22:30 a La Manolita Café Bar, un lugar engalanado durante muchos meses de cuidar el arte y hacer que las historias de viva voz regresen a los bares salamantinos, como era muy habitual cuando yo empecé. Luego, el día 3, me voy a Ciudad Rodrigo a contar y de road movie con mi amigo Nacho, con quien hice varias veces estas locuras de viajes cuenteros; con la excusa de que yo no conduzco nos hemos pegado farras y viajes memorables en estos 20 años. Entre el 11 y el 15 de junio mis alumnos contarán en diferentes espacios en Madrid. Las clases han sido una fuente de alegría, investigación y autodescubrimiento tan brutal en estos años que no hay mejor forma de celebrarlo que ver a mis queridos disfrutar sobre las tablas con lo que soñamos juntos. El 17 de junio contaré en el teatro de Guadalajara, en el marco del Maratón de Cuentos de Guadalajara, que me invita por primera vez a participar de la gran fiesta del cuento oral en España justo en mi aniversario cuentero. El 23 de junio, la noche de San Juan, ofreceremos en Córdoba el primer festival de narración oral “Eduardo Galeano”, culminando el primer año de un proyecto a largo plazo hermosísimo, en la ciudad de Córdoba, que coordino y espero coordinar muchos años. Se trata de un proyecto con presupuesto exclusivo para enseñar, investigar, producir y exhibir narración oral para público adulto, pionero en España, y alrededor de la figura de Eduardo Galeano. Y a la vuelta, el 27 de junio, y como colofón, la última Noche -la 191- de esta temporada de Las mil y una noches en mi querida Taberna Alabanda, en lo más hermoso que me han dado los cuentos hasta ahora. Si además en este mes, cosa posible, agotamos las existencias de la primera edición de “La narración fractal”, el libro que el valiente Pep Bruno me editó casi a ciegas en 2015, del que tiramos 1000 ejemplares y nos quedan entre los dos apenas 50, la vuelta será completa.

Veinte años ya, madre mía, desde esta foto… Corresponde justo al final de aquella función veraniega de 1997, en los camerinos. Yo tenía 19 años. En 1999 los de “Cuenta que cuento” ya estábamos en el catálogo de la narración oral que publicaba el maratón de Guadalajara. Ojeando este catálogo que no sé por qué he guardado tantos años, me encuentro a tantos que entonces no conocía y han sido amigos y/o admiradísimos compañeros después… Aquí algunos, directamente de aquel catálogo. No los voy a etiquetar, tendréis que descubrirnos…

Y en fin, show must go on.

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Uncomentario en Que veinte años no es nada…

  1. Nekane dijo:

    Héctor, nunca dejes el cuento, por favor, nunca dejes de sembrar momentos de felicidad únicos e inolvidables. En la última velada a la que pude acudir en la taberna Alabanda, llevé a mis padres con la completa seguridad de que disfrutarían. No solo conseguiste eso, sino que también los volviste a hechizar. Mi padre, totalmente, fascinado, y no me extraña, quería agradecértelo con estas palabras. Intentaré propagar su reseña por las redes sociales, ya que creo que con total sinceridad describe ese no sé qué, qué se yo, tan mágico y maravilloso que solo tú eres capaz de hacer brotar en nuestras mentes.

    HÉCTOR URIÉN

    Los cuentos de las mil y una noches, contados uno a uno, en el Café Taberna Alabanda, en Lavapiés, cada martes, en Madrid, Héctor Urién: contador, cuentista, cuentero infatigable, paladín de la palabra aterciopelada y el gesto y la mirada cómplices. Héctor sobre un escenario barato, de barrio, negro de fondo, bajo un foco de justa intensidad, un taburete y un botellín de agua, buchito a buchito, la palabra desnuda y el cuento enhebrado, buscando la sorpresa imprevisible, uno a uno más de ochocientos y pico cuentos y una noche, cuentos cercanos, cuentos amables, cuentos de suave intensidad, entresacando las sonrisas del atento auditorio, asomado el ceño, apenas, por intentar reflexionar si el cuento tenía doble intencionalidad, entre frase y frase, guiño y guiño, cuento y cuento, de historia en historia, todas verdaderas, al menos mientras Héctor las va desgranando.
    Al fondo del escenario, un pasito adelante y ya tan cerca de los espectadores, interactuando, como si se transformara la verdad en cuento y al revés, al ritmo que va marcando el juglar indesmayable que es Héctor enardecido por el final que no se adivina, aunque rompamos a reír y a ovacionar y a dejarse engatusar por el genial Héctor Urién.
    Cada martes, la magia de los cuentos, de las mil y una noches relatados por Héctor Urién.
    El pasado martes 30 de mayo tuve el placer de escucharle.
    Por eso me ha apetecido escribir estas líneas para recordarle a Héctor que solo puedo y quiero agradecerle su “habilidad cuentista”.
    ¡Enhorabuena!. Antonio

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