Vivir el cuento

Dice Alfredo Sanzol que los personajes en las obras dramáticas no tienen objetivos, que tienen esperanzas. Que este hallazgo le cambió la manera de escribir y plantear obras. Chesterton dejo escrito algo parecido: La palabra “quiero” es saboteadora, porque tiene algo de obligación, incluso de huida hacia delante; es mucho mejor, más sano, decir “me gustaría”. Para entendernos, no es lo mismo tener la esperanza de heredar una fortuna de un tío millonario que tenerlo como objetivo.

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Las prisas, las prisas…

He leído hoy una entrevista estupenda de Lorena G. Maldonado a una escritora a quien admiro mucho, Valerie Tasso. Me encanta su sensibilidad y su “mano” para unir en la proporción exacta la narración directa, la sensación sutil y la reflexión inteligente. En cuanto he visto la entrevista en twitter, me he lanzado a ella como un gorrión a un pedazo de pan, y como siempre, mientras la leía la cabeza daba vueltas. Lo bueno de leer es que uno puede parar, digerir y luego seguir leyendo, pero hoy, lanzado como estaba, me lancé también a escribir sobre el asunto de las prisas que nos invaden, que cita Valerie. Y esto escribí. Normalmente no posteo mis reflexiones mañaneras, pero hoy, como digo, parece ser que estoy lanzado. Ahí va. Y yo voy a seguir leyendo la entrevista, que aún no la he terminado.

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Que veinte años no es nada…

No os lo había contado aún porque no sabía cómo, pero este mes, justo este mes de junio de 2017, hace 20 años de la primera vez que conté una historia desde un escenario. Tengo gente alrededor que me quiere y todos me decían que cómo no había montado algo para celebrarlo, y yo me encogía de hombros… Porque no lo hago nunca, soy un desastre, y ellos, sospecho, a mis espaldas, se han encargado de montarme un mes de junio fabuloso de cuentos-celebración. Definitivamente, es mejor tener gente que agente.

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Nuevo curso de narración oral: Puesta en escena (abril-junio 2017)

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El curso consiste en la preparación de un cuento para contar en escena. Cada alumno propondrá una historia que preparará durante el curso, y combinará su propia intuición y experiencia con la guía y los juegos propuestos en el taller. Las clases serán casi puramente prácticas, y en ellas los alumnos trabajarán sobre todos los cuentos propuestos, enriqueciéndolos con diversas posibilidades narrativas para que el narrador de cada cuento elija cuál se amolda más a cada momento de su cuento, a su forma de contar y a su sensibilidad.

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El arte y el abrazo

La vejez consiste en dejar de escuchar. Lo natural de la experiencia es revertir las cosas a meros conceptos, y el arte rejuvenece porque en una lucha desesperanzada consigue que por un momento veamos las cosas tal y como son. Lorca, que siempre tuvo problemas para caminar, cuenta que de pequeño para conseguir que los otros niños lo consideraran, desarrolló su capacidad para inventar y contar cuentos: “ellos corrían, y yo no podía correr con ellos, así que necesitaba que se detuvieran todo lo posible, que me vieran”. También Valle descosía su soledad tejiendo historias en los ateneos madrileños sobre cómo perdió la mano izquierda, y luego ya viejito en Santiago, contaba a los jóvenes sobre los siete fantasmas compostelanos, entre los que nunca se incluía a sí mismo. Continue reading

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Contar y contar

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Si hay algo que ha fascinado a la humanidad durante milenios ha sido el significado mágico de los números. Las antiguas culturas de Ur, de Sumer, el nacimiento de la humanidad se apoyaba en una adoración a las matemáticas, a números como el 72, o al 432.000, que luego se traducían en las historias. Y el cuento viajaba literalmente cifrado, alcanzando las transparentes latitudes escandinavas, donde Odín el tuerto en la Guerra del lobo era acompañado por tantos contingentes de 800 guerreros como para atravesar, cada uno, 540 puertas.

La adoración de los números tiene su sentido en que la matemática es tan fría e implacable como la vida misma, y en el principio de los tiempos, viendo que todo se mostraba indiferente al ser humano, tenía todo el sentido que Dios fuera una ecuación. Luego llegarían las revoluciones, pero ahí quedó la Cábala, la serie de Fibonacci -que inventa las conchas y los movimientos de los gatos-… Y el poder de contar hacia delante y hacia atrás. Un amigo mío, artista muy querido y admirado, me confesó un día que siendo adolescente encontró en una librería de viejo un manual para visitar las vidas pasadas de cada cual. El libro era breve, y las instrucciones eran igualmente sencillas: basta contar cada día hasta un número, primero hacia delante y luego hacia atrás, sin perder la concentración, sin pensar en nada. Si lo consigues, a la noche siguiente le añades un número más. Y así: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7… 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1; buenas noches, mañana 8. El libro prometía que si llegabas a 100 sin perder la concentración, hacia delante y hacia atrás, tu alma dejaría tu cuerpo momentáneamente y ascenderías a encarnar una vida anterior, a conocerla. ¿Y llegaste? Pregunté escéptico y divertido. –Sí.

“De repente sentí que ascendía, abandonado el cuerpo. Subí dejando atrás la litera superior, donde estaba mi hermano, y atravesé el techo, uno y otro y otro, salí por el tejado y continué, hacia una nube brillante en la noche oscura… Entonces, a punto de alcanzar algo, me asusté y regresé, y nunca más lo intenté de nuevo.”

Me quedé helado de repente. ¿Hablas en serio?. –Sí.

No sé si alguna vez reuniré el valor y la disciplina para hacer la prueba: ya saben, llegar a contar hasta 100 hacia delante y hacia atrás. Ya tengo suficiente mística con contar una a una las mil y una noches… Se dice que cualquiera que las lee enteras o alcanza las 1001 contadas ve venir la muerte de frente. Ya les contaré…

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El cuento de nunca acabar

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Empecé a dar clases de narración oral de cuentos en noviembre de 2007, en Salamanca, en un taller de teatro de barrio. El primer día de profe me sentía como cuando empecé a contar, como si alguien me agarrara la raíz del nervio para apretarla a veces y otras acariciarla. Yo no sabía muy bien qué enseñar o por dónde empezar; era un extranjero de mí mismo con una lengua casi incomprensible, tratando de transmitir mis experiencias, aún blandas, mi emoción y mis intuiciones respecto de este arte sencillo e infinito de contar cuentos de viva voz. Fue agotador y maravilloso, y apenas pude dormir en todos aquellos días.

Hay un cuento en Las mil y una noches donde la hija de un sultán se encama con un esclavo negro y vigoroso y, después de probar aquello, ya no querrá más que hacer el amor, incansablemente. A mí me sucedió algo parecido con el cuento y con la formación: ahora no quiero ni puedo dejar de contar y de compartir lo hallado. Me hace feliz investigar, encontrar, recrear, cambiar sin cambiar, proponer la búsqueda de algo hasta el hallazgo, quizá de ese algo concreto o de otra cosa, pero encontrar algo con lo que jugar durante semanas. Así, los talleres que comparto con los alumnos que acuden a mi Hector’s Studio están llenos de pequeños asombros. Y somos muy ambiciosos: no se trata sólo de aprender a contar, se trata de aprenderlo todo a través de contar. Una propuesta teórica, una propuesta de juego y una puesta en común son los ingredientes generales de cada clase, siempre nuevos o renovados, para ponerle entre todos esa pizquita de fantasía inesperada que convierte la vida en un milagro.

Y ahora empezamos, en unos días, y dejo la puerta abierta para que salga el calorcito…

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Noticia de sirenas

sirena2   Este mes escribo breve, desde la orilla del mar que se ve por mi ventana. Yo, chico de secano al fin, siempre le tuve mucho respeto al mar, hasta que poco a poco fui preguntándome por las maravillas que no se ven, que laten escondidas como las sirenas. Hace unos pocos años, en las costas de Israel, alguien grabó con su cámara de móvil lo que parecía una sirena echada al sol sobre una piedra en un acantilado. La hermosa, al verse sorprendida, se agitó de súbito y se hundió en el mar, pero la cámara lo recogió todo.

   Es increíble la necesidad que tenemos de meter los dedos en la llaga, de saber viendo, cuando basta cerrar los ojos, precisamente, para creer en las sirenas y convencerse de su existencia. ¿O es que vosotros no habéis sentido la llamada de una ilusión, de un sueño, que os reclama amenazante, como para estrellaros contra las rocas? Yo creo que la noticia es cierta porque en el mismo mar siriaco donde se avistó la sirena con el móvil cuenta Cunqueiro en su Orestes que había sirenas. Y que los jóvenes se daban a la diversión con ellas, incluso violentando el sexto, y fue que llegó por allí un misionero irlandés al que no le agradaban estas ligerezas. Y esperó hasta que la situación se le puso piripintada: un muchacho fue encontrado muerto de madrugada a la orilla del mar. Y, como era muy querido, los padres lo lloraban largamente y el misionero tomó cartas en el asunto. Se dispuso a estudiar un San Patricio y allí encontró la ciencia del canto de las sirenas: por lo visto al cantar su voz se condensa caliente en el aire, y forma una nubecilla densa, que se enfría al rato y regresa a la boca de la sirena, que así puede volver a cantar. Deduciendo que la sirena queda muda durante ese intervalo sin su canto, este fray irlandés construyó una red fina y se embarcó con un mozo heredero, hermoso como la luna en su plenitud. Y todo fue avistarlo y salir las damas del mar a competir con sus voces para enlazar al pimpollo a sí mismas, y todos los cantos echados se condensaban en el aire, y entonces el estudioso arrojó la red, capturó las canciones de todas las sirenas y luego las quemó en la orilla, dejando a las sirenas donde aún siguen, como las emociones a veces, mudas y tristes, encalladas en un corazón rocoso y sin poder ser escuchadas.

Yo creo que la sirena grabada con el móvil en Israel debió ser de estas, porque de haber sido cantora quizá el mozo que las grabó habría quedado hechizado por el canto y la felicidad… Porque las sirenas a veces son parteras de ilusiones como aquella que amó don Roldán cerca de Sicilia, y, quedando embarazada, dio a luz en las costas de Galicia a un mozo al que llamaron Paadin, por ser hijo del Paladín, y que según se cuenta en Sonata de otoño, era antepasado de Valle-Inclán. Yo siento que este verano también me visitaron las sirenas, dormido, y que esta vez fui yo quien preñó de hermosos proyectos, que ya os iré contando…

Por lo pronto, ahí van cuentos en agosto y clases a partir de septiembre, para aprender a decir la verdad y que no os pilllen.

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Caídos del cielo

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-¿De dónde sacáis los cuentos los narradores?

Al principio es difícil encontrar historias. Yo creo que se esconden de uno para que no las contemos cuando no tenemos la experiencia y las tablas necesarias. Los cuentos, sabios, se quitan de nuestro camino, se disfrazan bigotudos, se colocan de perfil en la página, y así el cuentero inicial se puede pasar años buscándolos sin hallarlos. Pero si persevera y cuenta, se hace, y poco a poco los mismos cuentos salen a su encuentro, se le entregan, y en cualquier lugar parece encontrar una historia que compartir.

Este es solamente uno de los aspectos fascinantes de ser narrador, que es un cuento en sí mismo, y más hoy en día. Uno aparece como las brujas, de calle, entre todos los demás, tan disimulado que hasta se hace difícil reconocerlo, confundido con el auditorio. Y de repente te subes a escena y abres la boca, los brazos, y de la nada surge el mundo entero, de lo que traes en el magín, del barro metafísico que mezclas con la complicidad, la memoria y la recién despertada capacidad de juego del auditorio. Y las bocas, los ojos y las almas se abren y se entregan. “Los tres euros mejor empleados de mi vida”, dijo un muchacho de 13 años a su profe cuando fui a contar a su instituto hace unas semanas. Supongo que por la sorpresa de ver cómo nace todo de ningún lugar.

Los narradores somos paracaidistas escénicos: mecidos en el desequilibrio caemos en cualquier lugar inesperado, con la mochila llena de lo que crees que usarás, entre gentes que súbitamente te reconocen sólo cuando empiezas a desvelar tu propio catálogo de maravillas aprovechando el terreno que haya, y que puede ir desde un escenario amable hasta el rincón más oscuro de una cocina. Pero da igual, todo sirve, todo se aprovecha, todo se transforma, y el público mira asombrado, alguno incluso hacia arriba, preguntándose pero de dónde salió este, como El Principito al aviador: “Alors, et toi, tu viens du ciel aussi?”

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Cursos de verano de narración oral-cuentacuentos

Con junio se afianzan las ganas de jugar… Aquí tenéis un par de propuestas artísticas para iniciaros (o recrearos) en el arte infinito del cuentacuentos profesional. La narración oral es un arte troncal para cualquiera que tenga interés en la oralidad, la literatura o el cine. Si os apetece adentraros en este mundo, yo os propongo estas dos puertas:

(Los cursos son independientes, aunque traten el mismo tema. No hay que hacer los dos, ni uno antes que el otro, son juegos diferentes sobre el arte de contar.)

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