Las prisas, las prisas…

He leído hoy una entrevista estupenda de Lorena G. Maldonado a una escritora a quien admiro mucho, Valerie Tasso. Me encanta su sensibilidad y su “mano” para unir en la proporción exacta la narración directa, la sensación sutil y la reflexión inteligente. En cuanto he visto la entrevista en twitter, me he lanzado a ella como un gorrión a un pedazo de pan, y como siempre, mientras la leía la cabeza daba vueltas. Lo bueno de leer es que uno puede parar, digerir y luego seguir leyendo, pero hoy, lanzado como estaba, me lancé también a escribir sobre el asunto de las prisas que nos invaden, que cita Valerie. Y esto escribí. Normalmente no posteo mis reflexiones mañaneras, pero hoy, como digo, parece ser que estoy lanzado. Ahí va. Y yo voy a seguir leyendo la entrevista, que aún no la he terminado.

No es la prisa, la prisa es la sensación que tenemos, un espejismo. Son las posibilidades. Hemos vivido siempre en una relativa escasez y de repente tenemos que gestionar la gran abundancia, y creíamos que sería jauja, pero no, es muy difícil porque es necesario autogestionar el placer. Y no sirven los modelos anteriores porque nuestras vidas se han volteado como un calcetín. Por ejemplo, hoy es absurda la política del “comer todo lo que me ponen en la mesa”, ni por educación, porque no tiene el sentido que tenía antes, de un homenaje velado a la escasez; tampoco tienen sentido las grandes comilonas que se ofrecen, como si no dar muchísimo fuera sinónimo de no tener o de no querer dar. Esa mentalidad de la escasez unida a la realidad de la abundancia conducen solo hacia la obesidad, y hay que respetarse y decir/decirse que no, que el mundo ha cambiado. Lo mismo sucede con el sexo: ya no se trata de follarse todo lo posible, sino de follar bien, pero estamos en ello y una cosa no quita la otra: es una bendición el aumento y abaratamiento de las posibilidades. Creo que este mundo de la abundancia, aunque sea complejo y nos pille a contrapié y nos genere problemas nuevos, es mucho mejor que el de la escasez. En la abundancia debemos ser más dueños de nosotros. Antes lidiábamos contra muchos dolores hoy evitables y el instinto de supervivencia estaba a nuestro favor, y a veces en contra de nuestra voluntad de dejar de sufrir, y ahora debemos hacerlo contra el placer, donde estamos paradójicamente solos, y la sensación de soledad se acentúa, pero de ahí debemos salir mejores humanos, ya que sólo nosotros somos los diques. Estamos aprendiendo.

Aceptemos con alegría y con mesura este regalo de abundancia, y desconfiemos pero como quien desconfía de un niño “impredeciblemente” travieso, con serenidad. La abundancia de hoy es de posibilidades. El dinero siempre ha significado posibilidades y el mundo de hoy ha abaratado muchas. Montaigne habla de un caso en que un enamorado le regala a su enamorada una naranja, que esta guarda literalmente como oro en paño. Es la escasez la que convierte esa pieza en hipervaliosa, como el árbol del páramo castellano de que habla Borges: esencial por único. Hoy, cualquiera puede comerse una naranja, incluso fuera de temporada; en Dante se comparte la lectura, hoy cualquiera puede acceder a una enorme cantidad de libros para sí. Estamos ahora mismo un poco atontados por esa novedad, pero volveremos a ser dueños de nosotros mismos. Que perdamos la sensibilidad momentáneamente no quiere decir que no seamos capaces de apreciar el hecho o de aprender a apreciarlo. Estamos empezando en un mundo mejor que el anterior, aun con otros problemas. Esta nueva abundancia confluye en la prisa de querer vivirlo todo, de estar perdiéndose cosas porque nuestra mentalidad todavía habita en la escasez, en el “aprovecha la oportunidad porque no sabes cuándo habrá más”, y la vida ya no es eso. De ahí los tochos de “1000 libros, o películas o lugares que has de transitar antes de morir”, esas cosas se apoyan en la dualidad “mentalidad de la escasez-realidad de la abundancia”, pero nosotros debemos mirar esas propuestas con una cierta sonrisa incluso condescendiente: el hecho de que exista la posibilidad de viajar tantísimo no debe significar que tengamos que hacerlo para no perder el tiempo. De nada sirve correr, o quedarse mirando como un burro amarrado, sino simplemente disfrutar, elegir y dejarse elegir, tomarse las cosas con paciencia y con cierto desdén incluso: ¿Que pudiendo ir a Tailandia por dos duros igual no voy? Sí… ¿Y qué? Quedarse durmiendo es también una opción vital maravillosa, que antes era la única y hoy está revalorizada por elegida. El gran maestro de vida Javier Krahe decía eso mismo sobre una canción suya que, supuestamente, ocurría en los mares del sur: “que yo no he ido, ¿eh?. Ya ves, pudiéndome quedar en mi hamaca no iba a ir hasta allá a tumbarme en una hamaca…”

Creo que hoy enfrentamos un reto extraordinario: autolimitarnos y disfrutar de dicha autolimitación. El no ser glotones y no ir a la vida como quien va a un inmenso y riquísimo buffet invitado y come con la frustración desasosegante de quien no podrá probar todo lo que tiene a mano, en lugar de disfrutar simplemente de una parte y no preocuparse de que evidentemente hay cosas que no probará jamás. Cualquier español medio goza hoy de posibilidades que los emperadores romanos solo podían soñar, aprendamos a vivirlas con mesura, con agradecimiento, sin que nos agobie la cantidad haciéndonos desear el regreso al mundo de la escasez… y sin prisa.

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Que veinte años no es nada…

No os lo había contado aún porque no sabía cómo, pero este mes, justo este mes de junio de 2017, hace 20 años de la primera vez que conté una historia desde un escenario. Tengo gente alrededor que me quiere y todos me decían que cómo no había montado algo para celebrarlo, y yo me encogía de hombros… Porque no lo hago nunca, soy un desastre, y ellos, sospecho, a mis espaldas, se han encargado de montarme un mes de junio fabuloso de cuentos-celebración. Definitivamente, es mejor tener gente que agente.

Para empezar regreso hoy mismo a contar a un bar en Salamanca, que fue exactamente como yo empecé, en un garito llamado El Sol, que estaba en la calle Pozo Amarillo. Ese espacio ya no existe, pero muy cerca de esa calle me hospedaré esta noche, para ir a las 22:30 a La Manolita Café Bar, un lugar engalanado durante muchos meses de cuidar el arte y hacer que las historias de viva voz regresen a los bares salamantinos, como era muy habitual cuando yo empecé. Luego, el día 3, me voy a Ciudad Rodrigo a contar y de road movie con mi amigo Nacho, con quien hice varias veces estas locuras de viajes cuenteros; con la excusa de que yo no conduzco nos hemos pegado farras y viajes memorables en estos 20 años. Entre el 11 y el 15 de junio mis alumnos contarán en diferentes espacios en Madrid. Las clases han sido una fuente de alegría, investigación y autodescubrimiento tan brutal en estos años que no hay mejor forma de celebrarlo que ver a mis queridos disfrutar sobre las tablas con lo que soñamos juntos. El 17 de junio contaré en el teatro de Guadalajara, en el marco del Maratón de Cuentos de Guadalajara, que me invita por primera vez a participar de la gran fiesta del cuento oral en España justo en mi aniversario

No os lo había contado aún porque no sabía cómo, pero este mes, justo este mes de junio de 2017, hace 20 años de la primera vez que conté una historia desde un escenario. Tengo gente alrededor que me quiere y todos me decían que cómo no había montado algo para celebrarlo, y yo me encogía de hombros… Porque no lo hago nunca, soy un desastre, y ellos, sospecho, a mis espaldas, se han encargado de montarme un mes de junio fabuloso de cuentos-celebración. Definitivamente, es mejor tener gente que agente.

Para empezar regreso hoy mismo a contar a un bar en Salamanca, que fue exactamente como yo empecé, en un garito llamado El Sol, que estaba en la calle Pozo Amarillo. Ese espacio ya no existe, pero muy cerca de esa calle me hospedaré esta noche, para ir a las 22:30 a La Manolita Café Bar, un lugar engalanado durante muchos meses de cuidar el arte y hacer que las historias de viva voz regresen a los bares salamantinos, como era muy habitual cuando yo empecé. Luego, el día 3, me voy a Ciudad Rodrigo a contar y de road movie con mi amigo Nacho, con quien hice varias veces estas locuras de viajes cuenteros; con la excusa de que yo no conduzco nos hemos pegado farras y viajes memorables en estos 20 años. Entre el 11 y el 15 de junio mis alumnos contarán en diferentes espacios en Madrid. Las clases han sido una fuente de alegría, investigación y autodescubrimiento tan brutal en estos años que no hay mejor forma de celebrarlo que ver a mis queridos disfrutar sobre las tablas con lo que soñamos juntos. El 17 de junio contaré en el teatro de Guadalajara, en el marco del Maratón de Cuentos de Guadalajara, que me invita por primera vez a participar de la gran fiesta del cuento oral en España justo en mi aniversario cuentero. El 23 de junio, la noche de San Juan, ofreceremos en Córdoba el primer festival de narración oral “Eduardo Galeano”, culminando el primer año de un proyecto a largo plazo hermosísimo, en la ciudad de Córdoba, que coordino y espero coordinar muchos años. Se trata de un proyecto con presupuesto exclusivo para enseñar, investigar, producir y exhibir narración oral para público adulto, pionero en España, y alrededor de la figura de Eduardo Galeano. Y a la vuelta, el 27 de junio, y como colofón, la última Noche -la 191- de esta temporada de Las mil y una noches en mi querida Taberna Alabanda, en lo más hermoso que me han dado los cuentos hasta ahora. Si además en este mes, cosa posible, agotamos las existencias de la primera edición de “La narración fractal”, el libro que el valiente Pep Bruno me editó casi a ciegas en 2015, del que tiramos 1000 ejemplares y nos quedan entre los dos apenas 50, la vuelta será completa.

Veinte años ya, madre mía, desde esta foto… Corresponde justo al final de aquella función veraniega de 1997, en los camerinos. Yo tenía 19 años. En 1999 los de “Cuenta que cuento” ya estábamos en el catálogo de la narración oral que publicaba el maratón de Guadalajara. Ojeando este catálogo que no sé por qué he guardado tantos años, me encuentro a tantos que entonces no conocía y han sido amigos y/o admiradísimos compañeros después… Aquí algunos, directamente de aquel catálogo. No los voy a etiquetar, tendréis que descubrirnos…

Y en fin, show must go on.

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Nuevo curso de narración oral: Puesta en escena (abril-junio 2017)

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El curso consiste en la preparación de un cuento para contar en escena. Cada alumno propondrá una historia que preparará durante el curso, y combinará su propia intuición y experiencia con la guía y los juegos propuestos en el taller. Las clases serán casi puramente prácticas, y en ellas los alumnos trabajarán sobre todos los cuentos propuestos, enriqueciéndolos con diversas posibilidades narrativas para que el narrador de cada cuento elija cuál se amolda más a cada momento de su cuento, a su forma de contar y a su sensibilidad.

Es decir, que este curso será como venir al gimnasio: será como ponerse en forma narrativamente en relación al cuento que se quiere contar. En cada clase se trabajarán un grupo de historias de los alumnos, y estos, aunque estén adscritos a un grupo concreto (sea el del lunes, el del miércoles o el del sábado), podrán venir cuando quieran, siempre que haya sitio, a entrenar. Tras el calentamiento, preparación y exhibición de las historias propuestas en cada clase, se procederá a la devolución del profesor. El curso culminará con una muestra pública de los cuentos preparados en los espacios hermanados del taller de Héctor Urién, durante el mes de junio. La muestra no es obligatoria para los alumnos; cada cual decidirá si quiere contar públicamente o no.

Información técnica:

Lugar: Hector’s Studio (C/ San Dimas 6, bajo C, 28015 Madrid. Barrio de Conde Duque)
Número de alumnos máximo por día: 15
Precio del taller: 100€ (a pagar 50€ en la primera clase y 50€ el 15, 17 ó 20 de mayo)
Inscripción: Escribiendo a hectorurien@gmail.com
Necesidades: cada persona apuntada deberá traer un cuento de no más de 5 minutos de duración (3 folios por una cara, aprox) que le apetezca trabajar. Puede ser un cuento popular, un cuento de autor o un cuento de creación propia.

Fechas lunes (20:00 – 22:00):
Abril: 17, 24
Mayo: 8, 15, 22, 29
Junio: 5, 12

Fechas miércoles (20:00 – 22:00):
Abril: 19, 26
Mayo: 3, 10, 17, 24, 31
Junio: 7

Fechas sábados (11:00 – 14:30):
Abril: 22
Mayo: 6, 20, 27
Junio: 10

Fechas previstas para las muestras (pueden sufrir variaciones):
En Madrid: 11, 13, 14, 15 de junio
Quizás también en Córdoba

 

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El arte y el abrazo

La vejez consiste en dejar de escuchar. Lo natural de la experiencia es revertir las cosas a meros conceptos, y el arte rejuvenece porque en una lucha desesperanzada consigue que por un momento veamos las cosas tal y como son. Lorca, que siempre tuvo problemas para caminar, cuenta que de pequeño para conseguir que los otros niños lo consideraran, desarrolló su capacidad para inventar y contar cuentos: “ellos corrían, y yo no podía correr con ellos, así que necesitaba que se detuvieran todo lo posible, que me vieran”. También Valle descosía su soledad tejiendo historias en los ateneos madrileños sobre cómo perdió la mano izquierda, y luego ya viejito en Santiago, contaba a los jóvenes sobre los siete fantasmas compostelanos, entre los que nunca se incluía a sí mismo.

Conceptualizamos, descarnamos las cosas y las personas en nuestra mente por pura practicidad. Pero un día vemos la deslumbrante individualidad de cada uno, para inmediatamente romperla y fundirnos felizmente en el otro; es después de reconocer a alguien que lo abrazamos.

Ray Bradbury reveló que en un futuro pasado los hombres y mujeres de raza negra escaparon de la tierra y se asentaron en Marte, generando una nueva y propia sociedad a 59 millones de kilómetros de la Tierra y del hombre blanco. Un día, 20 años después, un cohete se acerca. Se sospecha que vienen un puñado de blancos, tras las guerras nucleares que han asolado la Tierra desde entonces. Los niños preguntan curiosos cómo es un hombre blanco, y se ríen ante las descripciones físicas inconcebibles “¿son así?”, dice uno arrojándose harina a la cara mientras el resto ríe. Los adultos, sin embargo, recuerdan, y en el padre de los niños comienza a removerse la venganza: “Ahorcaron a mi abuelo; a mi madre la mataron… Ahora tendrán lo que se merecen”. Y va por las casas aventando armas, y cuerdas, y pintan los asientos traseros de los autobuses de blanco, para los nuevos… “¡Si quieren vivir aquí tendrán que lustrarnos los zapatos, y aún así colgaremos cada semana a un par de ellos, para que no se despisten! Ahora la piedra rechina en el otro pie”. Los hombres y las mujeres apuran los nudos corredizos y esperan en el aeródromo la llegada del cohete. Y el cohete llega, y las puertas se abren y brota por fin del humo y del metal un hombre blanco. Un hombre viejo. “No importa quién soy, no sería más que un nombre para vosotros” Y habla de la guerra en la tierra, del destrozo nuclear… “Lo arruinamos todo… Y cuando terminamos con las grandes ciudades, nos volvimos hacia las más pequeñas, y lanzamos sobre ellas nuestras bombas.” Entonces la gente negra le empezó a preguntar por sus antiguos hogares: “¿Y Nueva Orleans, y Fulton, y Greenwater, y la calle cuatro de Memphis…?” “No queda nada”. Y siguió: “hemos sido unos estúpidos; os suplicamos vuestra ayuda. Merecemos cualquier castigo, pero no nos cerréis las puertas. Limpiaremos las casas, cocinaremos, os lustraremos los zapatos, nos humillaremos por todo lo que hemos hecho contra nosotros mismos, contra otras gentes, contra vosotros”. Y luego calló. Y su silencio fue acompañado por el de los negros, que poco a poco arrojaron sus armas.

Encontrarse para tocar, para improvisar versos, para escuchar y contar, son formas distintas de crear la individualidad para romperla justo después, de generar belleza y humanidad, de hacer el amor. En el cuento de Bradbury, al final los niños preguntan: “pero papá, tú ya habías visto al hombre blanco, ¿verdad?”. Y el padre responde: “no, queridos… yo lo acabo de ver por vez primera.”

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Contar y contar

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Si hay algo que ha fascinado a la humanidad durante milenios ha sido el significado mágico de los números. Las antiguas culturas de Ur, de Sumer, el nacimiento de la humanidad se apoyaba en una adoración a las matemáticas, a números como el 72, o al 432.000, que luego se traducían en las historias. Y el cuento viajaba literalmente cifrado, alcanzando las transparentes latitudes escandinavas, donde Odín el tuerto en la Guerra del lobo era acompañado por tantos contingentes de 800 guerreros como para atravesar, cada uno, 540 puertas.

La adoración de los números tiene su sentido en que la matemática es tan fría e implacable como la vida misma, y en el principio de los tiempos, viendo que todo se mostraba indiferente al ser humano, tenía todo el sentido que Dios fuera una ecuación. Luego llegarían las revoluciones, pero ahí quedó la Cábala, la serie de Fibonacci -que inventa las conchas y los movimientos de los gatos-… Y el poder de contar hacia delante y hacia atrás. Un amigo mío, artista muy querido y admirado, me confesó un día que siendo adolescente encontró en una librería de viejo un manual para visitar las vidas pasadas de cada cual. El libro era breve, y las instrucciones eran igualmente sencillas: basta contar cada día hasta un número, primero hacia delante y luego hacia atrás, sin perder la concentración, sin pensar en nada. Si lo consigues, a la noche siguiente le añades un número más. Y así: 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7… 7, 6, 5, 4, 3, 2, 1; buenas noches, mañana 8. El libro prometía que si llegabas a 100 sin perder la concentración, hacia delante y hacia atrás, tu alma dejaría tu cuerpo momentáneamente y ascenderías a encarnar una vida anterior, a conocerla. ¿Y llegaste? Pregunté escéptico y divertido. –Sí.

“De repente sentí que ascendía, abandonado el cuerpo. Subí dejando atrás la litera superior, donde estaba mi hermano, y atravesé el techo, uno y otro y otro, salí por el tejado y continué, hacia una nube brillante en la noche oscura… Entonces, a punto de alcanzar algo, me asusté y regresé, y nunca más lo intenté de nuevo.”

Me quedé helado de repente. ¿Hablas en serio?. –Sí.

No sé si alguna vez reuniré el valor y la disciplina para hacer la prueba: ya saben, llegar a contar hasta 100 hacia delante y hacia atrás. Ya tengo suficiente mística con contar una a una las mil y una noches… Se dice que cualquiera que las lee enteras o alcanza las 1001 contadas ve venir la muerte de frente. Ya les contaré…

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El cuento de nunca acabar

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Empecé a dar clases de narración oral de cuentos en noviembre de 2007, en Salamanca, en un taller de teatro de barrio. El primer día de profe me sentía como cuando empecé a contar, como si alguien me agarrara la raíz del nervio para apretarla a veces y otras acariciarla. Yo no sabía muy bien qué enseñar o por dónde empezar; era un extranjero de mí mismo con una lengua casi incomprensible, tratando de transmitir mis experiencias, aún blandas, mi emoción y mis intuiciones respecto de este arte sencillo e infinito de contar cuentos de viva voz. Fue agotador y maravilloso, y apenas pude dormir en todos aquellos días.

Hay un cuento en Las mil y una noches donde la hija de un sultán se encama con un esclavo negro y vigoroso y, después de probar aquello, ya no querrá más que hacer el amor, incansablemente. A mí me sucedió algo parecido con el cuento y con la formación: ahora no quiero ni puedo dejar de contar y de compartir lo hallado. Me hace feliz investigar, encontrar, recrear, cambiar sin cambiar, proponer la búsqueda de algo hasta el hallazgo, quizá de ese algo concreto o de otra cosa, pero encontrar algo con lo que jugar durante semanas. Así, los talleres que comparto con los alumnos que acuden a mi Hector’s Studio están llenos de pequeños asombros. Y somos muy ambiciosos: no se trata sólo de aprender a contar, se trata de aprenderlo todo a través de contar. Una propuesta teórica, una propuesta de juego y una puesta en común son los ingredientes generales de cada clase, siempre nuevos o renovados, para ponerle entre todos esa pizquita de fantasía inesperada que convierte la vida en un milagro.

Y ahora empezamos, en unos días, y dejo la puerta abierta para que salga el calorcito…

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Noticia de sirenas

sirena2   Este mes escribo breve, desde la orilla del mar que se ve por mi ventana. Yo, chico de secano al fin, siempre le tuve mucho respeto al mar, hasta que poco a poco fui preguntándome por las maravillas que no se ven, que laten escondidas como las sirenas. Hace unos pocos años, en las costas de Israel, alguien grabó con su cámara de móvil lo que parecía una sirena echada al sol sobre una piedra en un acantilado. La hermosa, al verse sorprendida, se agitó de súbito y se hundió en el mar, pero la cámara lo recogió todo.

   Es increíble la necesidad que tenemos de meter los dedos en la llaga, de saber viendo, cuando basta cerrar los ojos, precisamente, para creer en las sirenas y convencerse de su existencia. ¿O es que vosotros no habéis sentido la llamada de una ilusión, de un sueño, que os reclama amenazante, como para estrellaros contra las rocas? Yo creo que la noticia es cierta porque en el mismo mar siriaco donde se avistó la sirena con el móvil cuenta Cunqueiro en su Orestes que había sirenas. Y que los jóvenes se daban a la diversión con ellas, incluso violentando el sexto, y fue que llegó por allí un misionero irlandés al que no le agradaban estas ligerezas. Y esperó hasta que la situación se le puso piripintada: un muchacho fue encontrado muerto de madrugada a la orilla del mar. Y, como era muy querido, los padres lo lloraban largamente y el misionero tomó cartas en el asunto. Se dispuso a estudiar un San Patricio y allí encontró la ciencia del canto de las sirenas: por lo visto al cantar su voz se condensa caliente en el aire, y forma una nubecilla densa, que se enfría al rato y regresa a la boca de la sirena, que así puede volver a cantar. Deduciendo que la sirena queda muda durante ese intervalo sin su canto, este fray irlandés construyó una red fina y se embarcó con un mozo heredero, hermoso como la luna en su plenitud. Y todo fue avistarlo y salir las damas del mar a competir con sus voces para enlazar al pimpollo a sí mismas, y todos los cantos echados se condensaban en el aire, y entonces el estudioso arrojó la red, capturó las canciones de todas las sirenas y luego las quemó en la orilla, dejando a las sirenas donde aún siguen, como las emociones a veces, mudas y tristes, encalladas en un corazón rocoso y sin poder ser escuchadas.

Yo creo que la sirena grabada con el móvil en Israel debió ser de estas, porque de haber sido cantora quizá el mozo que las grabó habría quedado hechizado por el canto y la felicidad… Porque las sirenas a veces son parteras de ilusiones como aquella que amó don Roldán cerca de Sicilia, y, quedando embarazada, dio a luz en las costas de Galicia a un mozo al que llamaron Paadin, por ser hijo del Paladín, y que según se cuenta en Sonata de otoño, era antepasado de Valle-Inclán. Yo siento que este verano también me visitaron las sirenas, dormido, y que esta vez fui yo quien preñó de hermosos proyectos, que ya os iré contando…

Por lo pronto, ahí van cuentos en agosto y clases a partir de septiembre, para aprender a decir la verdad y que no os pilllen.

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Caídos del cielo

Principito-1

-¿De dónde sacáis los cuentos los narradores?

Al principio es difícil encontrar historias. Yo creo que se esconden de uno para que no las contemos cuando no tenemos la experiencia y las tablas necesarias. Los cuentos, sabios, se quitan de nuestro camino, se disfrazan bigotudos, se colocan de perfil en la página, y así el cuentero inicial se puede pasar años buscándolos sin hallarlos. Pero si persevera y cuenta, se hace, y poco a poco los mismos cuentos salen a su encuentro, se le entregan, y en cualquier lugar parece encontrar una historia que compartir.

Este es solamente uno de los aspectos fascinantes de ser narrador, que es un cuento en sí mismo, y más hoy en día. Uno aparece como las brujas, de calle, entre todos los demás, tan disimulado que hasta se hace difícil reconocerlo, confundido con el auditorio. Y de repente te subes a escena y abres la boca, los brazos, y de la nada surge el mundo entero, de lo que traes en el magín, del barro metafísico que mezclas con la complicidad, la memoria y la recién despertada capacidad de juego del auditorio. Y las bocas, los ojos y las almas se abren y se entregan. “Los tres euros mejor empleados de mi vida”, dijo un muchacho de 13 años a su profe cuando fui a contar a su instituto hace unas semanas. Supongo que por la sorpresa de ver cómo nace todo de ningún lugar.

Los narradores somos paracaidistas escénicos: mecidos en el desequilibrio caemos en cualquier lugar inesperado, con la mochila llena de lo que crees que usarás, entre gentes que súbitamente te reconocen sólo cuando empiezas a desvelar tu propio catálogo de maravillas aprovechando el terreno que haya, y que puede ir desde un escenario amable hasta el rincón más oscuro de una cocina. Pero da igual, todo sirve, todo se aprovecha, todo se transforma, y el público mira asombrado, alguno incluso hacia arriba, preguntándose pero de dónde salió este, como El Principito al aviador: “Alors, et toi, tu viens du ciel aussi?”

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Cursos de verano de narración oral-cuentacuentos

Con junio se afianzan las ganas de jugar… Aquí tenéis un par de propuestas artísticas para iniciaros (o recrearos) en el arte infinito del cuentacuentos profesional. La narración oral es un arte troncal para cualquiera que tenga interés en la oralidad, la literatura o el cine. Si os apetece adentraros en este mundo, yo os propongo estas dos puertas:

(Los cursos son independientes, aunque traten el mismo tema. No hay que hacer los dos, ni uno antes que el otro, son juegos diferentes sobre el arte de contar.)

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