Nueva fecha en julio para el curso “Urdir la trama”

CURSO INTENSIVO DE NARRACIÓN ORAL/STORYTELLING “URDIR LA TRAMA”

Presentación

Uno de los errores principales que se cometen a la hora de preparar un cuento oral o una ponencia consiste en identificar el lenguaje escrito y el hablado como equivalentes, de manera que solemos creer que lo escrito sirve para la oralidad tal y como está escrito. No es así. El secreto de la diferencia estriba principalmente en que el receptor recibe la información y la emoción en condiciones diferentes, por ejemplo:

  • El espectador recibe toda la información de una sola vez, mientras que el lector puede leer por capítulos.
  • En caso de despistarse o no comprender una información, el lector puede releer, mientras que el espectador no puede ir hacia atrás.
  • ​El espectador debe retener la información en su memoria “a tiempo real”, mientras que el lector puede detenerse, anotar o esquematizar la información.
  • El lector puede amoldar el ritmo de la lectura a su propio ritmo mientras que el espectador, que normalmente comparte espacio con otros espectadores, debe seguir el ritmo marcado por el narrador.
  • Etc

Estas diferencias implican que quien quiera adentrarse en el mundo del storytelling o narración oral debe conocer las pautas que rigen el ámbito de lo oral, comenzando por la estructura narrativa.

“Urdir la trama” es un curso básico sobre estructura narrativa oral. Conocer la estructura narrativa oral permite al narrador o storyteller contar sin necesidad de:

  • Memorizar un texto
  • Quedarse en blanco
  • Sentir una rigidez excesiva
  • Tener un discurso deslavazado

Además, el dominio de la estructura narrativa nos permitirá:

  • Conocer internamente los resortes de todas las historias para comprender íntimamente la nuestra
  • Optimizar la historia para que sea más eficaz y emocionante
  • Ordenar los sucesos para luego poder desordenarlos si así lo deseamos sin perder el control de la historia que estamos contando

De esta forma, urdir la trama nos hará conocer mucho mejor el arte narrativo espontáneo, “aquí y ahora” para conseguir narraciones más sólidas, magnéticas y eficaces.

Metodología:

Urdir la trama combina una sólida formación teórica sobre la estructura clásica utilizada tanto en el cine como en las grandes tradiciones narrativas mundiales con el formato de taller práctico, ya que los participantes en el curso tendrán que crear, adaptar y contar para el resto de compañeros varias veces  durante el curso, normalmente en grupos. Tras el trabajo práctico se abrirá un espacio de debate y conclusiones entre todos.

Información técnica en general:

  • Duración total del curso: 10 horas
  • Fechas: 14-15 de julio (sábado y domingo)
  • Horarios:
  • Sábado 16, 10:00 a 14:00 y de 16:00 a 19:00
  • Domingo 17, 10:00 a 13:00
  • Número de alumnos: 9-15
  • Lugar: Hector’s Studio (C/ San Dimas 6, Bajo C)
  • Precio: 90€
  • Conocimientos previos necesarios: ninguno
  • Material: Trabajaremos sobre el análisis de películas. Conviene tener recientes dos de estas tres películas: Big Fish, Intocable, Con faldas y a lo loco.
  • Contacto y matrícula:
    • Por teléfono: 616602485
    • Por email: hectorurien@gmail.com
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Arek en Sudán del Sur

Hace unos meses, la ONG “Save the children” me encargó que escribiera una historia para ellos, ambientada en Sudán del Sur, para que fuera utilizada por profesores de alumnos a partir de los 10 años en España para abrirles una puerta a este mundo fascinante. Entonces escribí “Arek en Sudán del Sur”. Tenéis más datos del proyecto y el cuento en la web de Save the Children, aquí, o podéis leerlo directamente en este post. Ojalá lo disfrutéis, y si sois profes y queréis compartirlo con vuestros alumnos, adelante, para eso es, pero luego no os vayáis sin contarme qué tal…

 

Ahí va:

 

Arek en Sudán del Sur

Por Héctor Urién

 

La historia que os contaré es una historia de verde brillante, de tonos ocres, marrones, rojos y azules. Es una historia que huele a selva, a caminos viejos, a pelaje, a agua corriente. Empieza esta historia mía en un lugar del planeta de cuyo nombre me acuerdo: Sudán del Sur, en el Nilo, África dentro de África. Sudán está dilatado de pueblecitos, de aldeas, y, en una de esas aldeas, vive una hermosa​ familia. El padre es pastor de cabras, la madre queda en la casa, y los hijos se dispersan. Por la noche se oyen burros rebuznar, no callan nunca, y aparte de las estrellas, se oyen los cuentos llover.

Un niño llamado Khamis sale por fin por la puerta. Va al colegio, sus zapatos, cuaderno, su camiseta. Recorre un camino viejo que ha de llevarle a la escuela. Camina Khamis al día cuatro horas entre ida y vuelta. Camina y anda y camina. Así, de lunes a viernes, la vida pasa redonda por delante de sus ojos.

Y de repente: lo extraño. Una noche oyeron burros, pero además de los burros, se escuchan unos camiones. Y a la mañana siguiente, unas casas han brotado junto a la suya. Casas ligeras, redondas, hechas de tela y de lona. Khamis se queda mirando una en concreto y de ella emergen dos chicos, bueno, son un chico y una chica, que se le acercan. Zapatos muy desgastados, camisetas y sonrisas.

-​Hola -dicen, y él responde:

​​-Hola. ¿Quiénes sois vosotros?

​-​Yo soy Arek, y él Correr.

​-​¿Correr te llamas?

​-​Sí, amigo. Mi madre me ha dado a luz en un camino de ida.

​-​Bueno-, y se encoje de hombros, Khamis.- ¿Venís al cole?

​-​Vale ​-​respondieron ellos.-​ Si se puede, allá que vamos.

 

Arek da un grito a su madre:

​-​¡Maaaaaaaadreeeeeeeee! ¡Queremos ir al colegio! ¿Podemos?

​La madre sale, observa al chico Khamis, su casa, ve a la madre de Khamis, que está en la puerta, secándose con un trapo. Ambas cambian las miradas, se entienden de un solo gesto. Luego la madre de Arek y Correr se acerca a ellos. Besa a la niña delgada, alta como una gacela, y al niño, algo más pequeño, lleva el oleaje en el pelo, la prisa del nacimiento. “Id a la escuela, queridos”. Los besa.

Y empiezan a caminar. La compañía silenciosa lleva a los tres en volandas. Dos horas, zapatos, sol, y por fin, llegan a clase. Llegan muchos otros niños. Niños y niñas, que vienen, cada uno de un lugar. Todos van en camisetas, todos pantalones cortos, uniforme hay y no hay. Y empieza la clase. Una profesora escribe en una pizarra y ellos, los niños, todos repiten lo dicho, comparten de dos en dos los libros que a mano tengan, todo es de todos ahora. Las palabras, el inglés, la medicina y la lengua.

Khamis, y todos, escuchan, de repente, otro rebuzno. Entonces los niños salen, la profesora no dice nada, los acompaña. Todos los niños apuran, salen ya las camisetas, salen cantando canciones, se juntan así en la plaza, quién vendrá… ellos sí saben. Niños que no han ido a clase también se unen a aquel grupo. De repente todos callan, se oye el silencio, y allí, tras una pared herida, a la vuelta de la esquina, escuchan otro rebuzno. Y entonces manos alzadas y gritos, todos a una, y se ponen a cantar, y vuelta la vista ven que viene… el biblio-burro. Una muchacha de luna guía un burro gris con alforjas, llenas de libros. Los niños, todos danzan al través, todos cantan y acompañan al burro y a su guiadora, hasta que este se detiene donde hay unos soportales, y los niños y las niñas se acercan llenos de dedos y cogen cada uno un libro. Y devuelven los que ya traían leídos. Khamis toma uno, y la chica y el chico que ahora también son amigos, quedan quietos. Khamis lo ve, se da cuenta, y coge tres para los tres. Y se sientan a leer, mientras tanto el biblio-burro marcha a otro pueblo. Los chicos locales leen esos libros, con tanto gusto y pasión… Khamis mira de reojo a sus dos amigos nuevos, detenidos en los libros, pero no como los otros niños los miran. Ellos los miran distinto.

Khamis se acerca, y pregunta:

-​¿Qué sucede? ¿No sabéis…?​

Entonces la niña Arek se levanta, da un respingo y va a la escuela, tras ella corre Correr. En la escuela, la maestra, de nuevo enseña. Ellos atentos, miran, anotan y escuchan.

Hora de irse. Sale Khamis, Arek, Correr, y empiezan a caminar hacia casa. Avanzado ya el camino y a la sombra de un Baobab, Khamis se para, y se sienta y lee su libro para todos. Una historia dibujada de piratas, manchas negras, acantilados y cofres, y un marinero que tiene una pierna nada más, y un muchacho que se enrola a navegar por el mar.

-​El mar…​ -ojos al aire, Correr-​ ¿cómo será el mar?

Se paran. Mirada arriba y se escuchan dentro. Lo imaginan un momento, como el Nilo pero en grande, en inmenso. Entonces Khamis le pide a Arek que lea un poco el suyo. Arek duda, luego mira, el libro y alarga el dedo. Lo abre, y ve la primera letra, que es una S, “​una serpiente del Nilo”​ -dice ella​-, “​una serpiente tremenda, y sumergida en las aguas y que se comió un pescado. Los hombres fueron con lanzas, y la cazaron, luego siguieron pescando.”​

Correr, con la boca abierta; Khamis la mira y pregunta:​

– ​¿Hay más cuentos?​

-Hay más cuentos. Pero hay que seguir andando, que se nos va a hacer de noche.

Y siguen, luego se paran. Y Khamis vuelve a leer, los tres se han acuclillado en el borde del camino, sobre sus flacos tobillos. Khamis está leyendo, y Correr insiste en ver los dibujos que acompañan al cuento. Los tres miran.

-Ahora tú, Arek, -dice Khamis. Arek abre y reconoce la S del cuento anterior, y va a la siguiente hoja. Hay un dibujo. Un globo sube y Arek, poniendo el dedo en el texto, lee el globo:

​- ​L​os hombres llenaron telas de soplidos y pudieron ver de dónde nacía el río. Nace de la nieve el río, los burros rebuznan tanto que la nieve se derrite. Si se murieran los burros, la nieve se acabaría, el río se secaría y las cabras morirían, y tendríamos que caminar el doble para ir por agua. Así que mejor que haya burros que rebuznen mucho, aunque durmamos peor.

Khamis ahora es todo ojos, un momento, y luego dice:​

-​Vamos, que se nos hace de noche.

Y así, envueltos en palabras, el camino se hace breve. No siempre dura lo mismo, y no importa lo que dure. Han tardado mucho más y han tardado mucho menos. Llegan al pueblo y allí se separan, uno va a su casa hecha de palos. Los otros dos a las tiendas de lona que se levantan un poquito más allá.

Esa noche los rebuznos se escuchan de otra manera. En lugar de molestar, o de no dejar dormir, los sienten como una nana, como una canción de cuna, hecha de nieve, de nieve que refresca en esa noche tan calurosa. Y después, a la salida del sol, ya está Khamis preparado: camisetas y bermudas; zapatos, cuaderno y lápiz, y el libro, bien abrazado. Vienen Arek y Correr a encontrarse donde ayer.

​-¿Vamos? -​Les dice Khamis.

​-​Vamos -​Le responden ellos.

Van alegres, llevan dentro, cuentos, corren al baobab, a sentarse acuclillados y a seguir contando historias. Khamis lee, y su cuento avanza, el mar ha quedado atrás, ahora hay náufragos y fuertes y esqueletos. Los tres comparten los sustos, la intriga, y se detienen.

​-​ Arek, lee uno de los tuyos. -​Dice Khamis.

Arek tiembla, un poco, aunque no se nota. Abre el libro, está la S, y el globo, y en la siguiente página hay una C, una C como la gruta… como su casa una vez.

-Una vez -​ lee y no lee Arek-, vino un viento a casa, fuerte, tanto que volcó la casa, y empezó a hacernos cosquillas. Se movía por todas partes, levantó mi camiseta y se hizo sentir… ¿Lo sabes? -​Preguntándole a Correr.

-¡No lo sé -​responde este -​, igual aún no había nacido!

​-​Aaaaaasí -​dice ella​.​

Y​ se lanza, sobre su hermano y le busca cosquillas por todo el cuerpo. Lo mismo juega Khamis, el libro queda de lado mientras juegan. Y agotados, lleno de risa el baobab, se quedan allí tumbados hasta que uno se levanta.

​-​¡Vamos! -dice, y continúan.

Sacan un poco de agua y haciendo voz de pirata… “​tomad ron”, dice Khamis​; Correr rebuzna, y se ríen juntos los tres. Y siguen, y se detienen, el cuento de los piratas ha terminado feliz, llenos de oro van los tres, y Arek, que sigue leyendo cuentos enteros en letras, se fija ahora en una I:

-U​na vez un cocodrilo no encontró nada de cena, y se quedó tan finito como un palo, y se ponía sobre su cola, levantado, a ver si cazaba un pájaro, y fue un día y lo cazó, o eso creyó porque el pájaro ya pesaba más que él, y lo elevó por los aires, el cocodrilo se agarra como puede con sus dientes, pero mordiendo flojito, no se fueran a caer… Y así el pájaro llevó al Cocodrilo hasta el mar, donde ahora vive, en un barco con un barril de manzanas, y ahora nunca tiene hambre.

Cuando se quieren dar cuenta han llegado ya a la escuela. Guardan sus libros-tesoro, y atienden, y si la profe, pinta una C en la pizarra, Khamis se pone a soplar, y Arek y Correr se ríen.

Y luego volver a casa, y comenzar otra vez. Y se va haciendo la vida. Dejan libros, cogen otros, los niños todos se leen, avanzan en la lectura y en los cuentos que se cuentan.

Una mañana, Khamis espera a que llegue Arek con su hermano, pero tardan. Khamis está ahí sentado en cuclillas, dibujando serpientes y cocodrilos en la arena. El tiempo, que antes no había, importa algo de repente, la inquietud, la sensación… Finalmente se levanta y camina hacia las casas de lona, y ve que algunas las están echando abajo, Khamis corre, busca a Arek, y entre las casas de aire salen Arek y Correr.

-¿No venís?  -pregunta él. -Hoy viene el biblio-burro.

-No podemos ir, Khamis -​dice la chica delgada-. Nos marchamos a otro sitio.

Y entonces las manchas negras, los burros, los cocodrilos, las manzanas y la nieve todos callan en el aire… Khamis, también muy callado; Arek y Correr lo abrazan.

-​¿Nos volveremos a ver? -​Pregunta​-​, ¿vendréis a verme?

​-​Seguro -r​esponde ella-​. Estamos vivos, y estamos, aquí, en el mismo planeta. Volveremos a encontrarnos.

Y se fueron. Y se fue.

 

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Noticia de prensa de 1974

(Noticia de prensa de 1974)

 

Ha muerto don Tomás

Un practicante heroico en el servicio sanitario.

Tomás Urien Torre, practicante titular de Navaluenga, gran profesional, un hombre bueno y amigo de todos, ha fallecido el día ocho cuando ya estaba próximo a la jubilación, que le hubiera permitido disfrutar junto a su familia de un merecido descanso.

Vivió sus años infantiles en Bilbao, que debieron ejercer una gran influencia en su vida, pues aunque nació en Madrid, se consideraba vasco por los cuatro costados.

Hijo de una familia modesta, estudió la carrera con los medios económicos que le proporcionaba un trabajo duro y esforzado que tenía que realizar durante diez horas diariamente.

Sin antecedentes familiares conocidos en la profesión, sentía una profunda vocación sanitaria. Sus primeros trabajos como practicante los realizó en el hospital de Basurto de la capital vizcaína, pero después se trasladó a una zona agreste y dura de la provincia de Ávila, trabajando en condiciones penosísimas y donde se entregó generosamente a los demás, recibiendo por ello una retribución económica tan exigua que apenas le permitía atender sus necesidades más perentorias.

Empleó sus conocimientos, que eran muchos, y sus energías juveniles, entonces ****, en atender a sus enfermos sin descanso, teniendo que caminar muchas veces, a cualquier hora del día o de la noche, por terrenos impracticables o por caminos solitarios cubiertos de nieve o de hielo.

Hace ya muchos años que residía en Navaluenga donde se granjeó la simpatía y la amistad de sus vecinos por su celo en el trabajo y por su carácter agradable y bondadoso.

Poseía una acusada personalidad, que tal vez, conocíamos mejor sus amigos y compañeros en el quehacer sanitario, para los que constituía una persona entrañable.

Correspondiendo a sus merecimientos, el pueblo en masa acudió a su sepelio y todos le hemos pedido al Señor que le acoja en su eterna Gloria.

José Luis Urreiztieta

(Don Tomás fue mi abuelo paterno. Mi otro abuelo, Agustín, cumple 90 años dentro de 3 días.)

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Feliz 2018. Y cuento de Reyes

Dice mi amigo Juanlu Mora que el tiempo de espera se mide en horas por segundo. Sobre todo la espera de los reyes, añado yo, así que mientras los esperamos, distraigo la relatividad leyendo historias y enredando en tuiter, y fue en tuiter, mientras espero, que me he enterado de una coincidencia sorprendente: ayer, 4 de enero, ¡fue san Newton!

Isaac Newton, hombre célebre y célibe. Célibe por una dolorosísima fimosis estrangulante y célebre por su famosa ley de la gravedad, que, por lo visto, fue una serendipia feliz, es decir, un descubrimiento no buscado, y no lo digo por la manzana, sino por el siguiente secreto: Durante siglos se ocultó que la mayoría de los escritos que ocuparon el tiempo de Newton versaron sobre el antiguo arte de los alquimistas en la síntesis suprema del oro. Newton se enfrascó, así, en experimentos químicos y andaba buscando las razones de las afinidades entre sustancias cuando le cayó encima la manzana de la gravitación universal, y la publicó. Hubo alborozo en los salones elegantes al encontrar una ley tan acorde con el sentir absolutista de la época, una ley universal e inviolable, ante algunos desconcertantes hallazgos de los siglos oscuros del medievo donde, según cuenta Needham, un gallo que inusualmente puso un huevo sin motivo milagroso aparente, fue condenado al exilio por violar las leyes de Dios, que dicen que los gallos no ponen huevos y, por tanto, un gallo profano que así se comporta es un delincuente.

Pero el caso es que Newton recombina el primer científico de la era moderna y el último de los magos de la estirpe de los sumerios y babilonios, es decir, de la estirpe de Melchor, Gaspar y Baltasar, reyes astrólogos del oriente, que le llevaban al niño el oro de su mismo origen etimológico oriental, el incienso santo y la resina del árbol aromático de la mirra, que son ni más ni menos que las caricias de Mirra, princesa grecoarábiga que dio a luz a Adonis, santo patrón de todos los chicos que huelen bien.

En fin, que si la espera se mide en horas/segundo, la felicidad se mide en días, como se dice de los grandes personajes del Antiguo Testamento: “y murió, en plenitud de días”. Yo os deseo que los Reyes os traigan a todos un saco lleno de días. Feliz 2018

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200 Noches en vela

“Dijo el mundo:

¡Y tú me vienes ahora, Adán, ahora que yo he perdido mi lozanía y mi juventud!”

Hadiz

 

En uno de sus libros, Paul Auster cuenta la historia de un muchacho normal al que un día un hombre extraño –un maestro- le dice que ha visto cualidades en él y que, si confía, le hará volar, pero volar de verdad. El muchacho, sin nada que perder, se pone en las manos del maestro y este va sacando lo mejor del chico, y haciéndolo levitar cada vez un poco más, hasta que un día se eleva definitivamente por los aires. Recorren así los teatros de los Estados Unidos de América; todo el mundo quiere ver al chico volador. Pero un mal día el muchacho no consigue despegar. El maestro le dice que vaya a visitar al médico. La revisión indica que está sano como una manzana. Entonces salen del hospital y el maestro se cala su sombrero y tiende la mano al chico:

-Bien, ha sido un placer, aquí se acabó nuestra aventura.

-¡Pero si estoy bien! –responde el chico alarmado- dice el médico que no me pasa nada.

-Por eso mismo nuestra aventura se ha acabado –ahora, el maestro-. Si el médico te hubiera encontrado algo, podríamos arreglarlo, esperar, tratarlo, pero si no hay nada, no hay nada que arreglar. Simplemente se acabó.

Y, efectivamente, el maestro tenía razón: se acabó.

Eso creía yo que me pasaba en aquel verano de 2011. Las cosas no funcionaban, el público no venía, me aburría de mis historias y me costaba ocultarlo, también me daba miedo salir de ellas. En plena crisis, dentro y fuera, recuerdo llegar a pensar: “Bueno, pues si esto es el final, es el final”. Y entonces vino la idea. Fui a ver un concierto de unos amigos en un bar, pensé que tenía que buscar la manera de actuar semanalmente, también para obligarme a buscar cuentos, pensé que tenía que buscar un motivo para justificar esa idea: actuaciones semanales, mismo narrador, diferente repertorio, y acudieron a mi cabeza Las mil y una noches. Regresé a ellas, las estudié, y pocos meses después, al febrero siguiente, que diría Sabina, estaba presentándolas en una sala turbia de Lavapiés donde había seis personas, seis, contándonos al taquillero y a mí. Y creo que dos no pagaron. La función no salió especialmente bien, pero algo se me encendió en el alma: este es el camino. Le di todo lo recaudado al taquillero, por las molestias -tampoco era mucho-, y a la semana siguiente ahí estaba con un cuento nuevo. Poco a poco la voz se fue regando, viva y virtual, amigos y amigas nuevos que se conectaron con las Noches ayudaron a la difusión y a traer público, y a los tres meses, en las faldas del verano, comenzaron a llegar los primeros llenos. Hoy, casi 6 años y 200 funciones después, no sólo siguen las Noches caminando, sino que los llenos, la vida, los amigos, los ritmos, los cuentos, se han ido asentando casi cada semana en la Taberna Alabanda de Lavapiés.

Hace poco, hablando con un amigo artista sobre esa historia de Auster que siempre tengo presente – “un día las cosas se acaban porque se acaban” -, él me hizo ver, en artistas que conocíamos ambos, que quizá un factor para que se acabe es el acomodamiento, la falta de riesgo en las propuestas, de incertidumbre, de gran exterior. Y algo de eso hay. Y las Noches son el riesgo puesto en escena. Yo he aprendido tantas cosas, he cambiado tanto contando, me siento aún en camino de ver cómo lo haré mañana. Partiendo de un enorme sufrimiento cada semana por tener que contar algo nuevo, hasta un cierto dominio de esa emoción; de los cuentos cortados “a la Sheherezade” al último experimento: cuentos cortados pero sin que se note, convirtiendo un cuento en tres, que quien se va, se va feliz por el aparente final, y quien se queda observa encantado la semana siguiente que aún queda tela que cortar de ese tapiz. Porque en las Noches se ha visto venir público de todos los tipos, desde quien lleva casi tantos martes como yo, hasta quien viene de nuevas, despistado, pasando por quien se queda un ratito, por quien a cada función semanal se trae un ligue diferente. Y todo se ve desde arriba: cómo la vida pasa, cómo la gente, los amigos, dejan de venir y a veces regresan, como aquella chica habitual que marchó a hacer una estadía científica en Boston hace un año y en la primera función de esta última temporada allí estaba, con su copa de vino, “me vuelvo mañana, pero me dejé un hueco en la agenda para venir a los cuentos, igual que vine a ver a mis amigos.” Entonces me di cuenta de que tanto tiempo y tanta rutina han convertido las Noches en casa para muchos, donde convive lo nuevo con lo acogedor de los viejos caminos.

Artísticamente, lo especial ha sido el vértigo de la novedad a la fuerza, y los cambios sutiles que se van introduciendo en mi propia forma de contar y de abordar las Noches, que hacen que nadie se aburra y que cada vez los cuentos suenen diferentes, aunque siempre sean árabes y populares. Siempre cuento algo antes ya contado o actual para fijar la sesión, al público y mi propio ánimo, y es a mitad del espectáculo o al final cuando surge la Noche correspondiente. De las historias mejores se han nutrido los otros espectáculos fijos, hijos naturales o adoptivos de las Noches: “Catálogo de soluciones para librarse de hombres inadecuados”, “Mentiras de pescadores”, “Esperanzas” o las “Instrucciones para volar en alfombra mágica”.

Ha sido una enorme alegría compartir con el dispuesto público madrileño todas estas aventuras, igual que lo ha sido descubrir las historias de cada cual (si Las mil y una noches son las infinitas historias de sus moradores de ficción, mis Noches confluyen en las miles de vidas que han pasado por mi voz). ¡Quién me iba a decir a mí en aquel frío 2011 que parecía el fin del mundo que tras la colina venían por delante 200 Noches, unos 8 días contados sin parar si se ponen uno detrás de otro, unos 7000 espectadores! Y siguiendo, siguiendo, siguiendo… mientras el cuerpo aguante.

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Días de cuentos

Vivo días de actividad febril. A los viajes y los bolos y los cursos intensivos se une la preparación del nuevo taller regular sobre técnicas de expresión narrativa, que he enfocado en la técnica creativa de los surrealistas. Y es maravilloso cuando andas buscándole la vuelta a una cosa y te sorprendes diciéndote: “¡Anda! Si esta que es -por decirlo así- la técnica/marca personal de tal poeta del 20 es justo, justo, justo lo que hacen Los Planetas! ¡Voy a probarlo!”. No sé si acabaremos el curso en Dylan o en el indie de los 90, pero me encanta la sensación de incertidumbre y de búsqueda-hallazgo. El asombro es un manar inagotable de alegrías.

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¿Qué harías tú en un ataque nuclear de Kim Jong-Un?

Cuando la humanidad ha sido consciente de que había serias posibilidades de que nos fuéramos todos al carajo, no nos ha dado por llorar ni lamentarnos, sino por hacer febrilmente el amor y contar historias, como se sabe tanto por la Florencia negra del XIV y sus tres chicos y siete chicas reunidos en el atrio de Santa María Novella, como por las playas cubanas que, según cuentan todos los que lo vivieron, se colmaron de ardores venéreos en el otoño del 1962, cuando la última crisis de los misiles. Crear, recrear y procrear, eso hacemos los malvados humanos mientras esperamos el Apocalipsis.

De la parte amorosa me voy a inhibir, pero del arte de desvelar historias puedo prepararte para lo peor durante los fines de semana del 16-17 o del 23-24, aprendiendo algunos recursos útiles que conviene tener a mano, aquí (o pulsando en la imagen):

O si eres de los que prefieren sentarse como un rey o una reina mientras otros tomamos la iniciativa, vente a escuchar y a llenarte el alma de maravillas. Déjame un momento tu dedo……… aquí:

-Las mil y una noches, contadas una por una

-Catálogo de soluciones para librarse de hombres inadecuados

Además de estas fechas, en septiembre podemos vernos en:

6-8 de septiembre: Curso de comunicación científica con los amigos de Big Van en la Universidad de Santiago de Compostela
20 de septiembre: Sesión infantil en la biblioteca Volturno de Pozuelo de Alarcón (Madrid)
30 de septiembre: Función especial de las Mil y una noches en Casa Árabe

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Vivir el cuento

Dice Alfredo Sanzol que los personajes en las obras dramáticas no tienen objetivos, que tienen esperanzas. Que este hallazgo le cambió la manera de escribir y plantear obras. Chesterton dejo escrito algo parecido: La palabra “quiero” es saboteadora, porque tiene algo de obligación, incluso de huida hacia delante; es mucho mejor, más sano, decir “me gustaría”. Para entendernos, no es lo mismo tener la esperanza de heredar una fortuna de un tío millonario que tenerlo como objetivo.

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Las prisas, las prisas…

He leído hoy una entrevista estupenda de Lorena G. Maldonado a una escritora a quien admiro mucho, Valerie Tasso. Me encanta su sensibilidad y su “mano” para unir en la proporción exacta la narración directa, la sensación sutil y la reflexión inteligente. En cuanto he visto la entrevista en twitter, me he lanzado a ella como un gorrión a un pedazo de pan, y como siempre, mientras la leía la cabeza daba vueltas. Lo bueno de leer es que uno puede parar, digerir y luego seguir leyendo, pero hoy, lanzado como estaba, me lancé también a escribir sobre el asunto de las prisas que nos invaden, que cita Valerie. Y esto escribí. Normalmente no posteo mis reflexiones mañaneras, pero hoy, como digo, parece ser que estoy lanzado. Ahí va. Y yo voy a seguir leyendo la entrevista, que aún no la he terminado.

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Que veinte años no es nada…

No os lo había contado aún porque no sabía cómo, pero este mes, justo este mes de junio de 2017, hace 20 años de la primera vez que conté una historia desde un escenario. Tengo gente alrededor que me quiere y todos me decían que cómo no había montado algo para celebrarlo, y yo me encogía de hombros… Porque no lo hago nunca, soy un desastre, y ellos, sospecho, a mis espaldas, se han encargado de montarme un mes de junio fabuloso de cuentos-celebración. Definitivamente, es mejor tener gente que agente.

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